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sábado, 8 de julio de 2017

EL ÁRBOL



La sabiduría esenia identifica al árbol como al hombre y al bosque lo que debería ser la humanidad. El árbol tiene sus raíces y vive en armonía con la Madre, es la naturaleza viva, es parte de un todo, su orientación fundamental es el Padre, el fuego del Sol y la luz de las estrellas.

Desde las profundidades de la tierra, el árbol crece hasta el infinito, enseña que aunque el hombre debe convertirse en un árbol no sólo para lanzarse a los infinitos misterios de la Vida, sino también para dar los frutos de la luz y ser capaz de participar activamente en el bien para la comunidad de la Vida.

Las ramas del árbol son el espíritu, la conciencia superior común. Son la cabeza del hombre, pero más precisamente, sus cabellos, que son los sensores que captan pensamientos sutiles o densos. Los Esenios tenían por costumbre llevar el cabello largo porque pensaban que, de esta manera, podían captar los pensamientos más sutiles y más lejanos.

El tronco es lo que unifica la parte superior y la parte inferior, es el lugar donde circula la savia, corresponde al corazón y a los sentimientos, une el cielo y la tierra. Es rígido y recto como el hombre, la forma exterior es dura, a imagen de la estructura ósea.

Cuando se observa el cuerpo del hombre, se pueden reconocer todas las raíces del árbol en el sistema nervioso, hormonal, venoso, etérico. Las raíces nos muestran que el hombre debe estar activo en su voluntad, debe ser abierto, amplio, profundo y tratar de ser estable en todas las direcciones.

Aquel que vive sólo para el cuerpo físico ya está muerto, pero aquel que conoce el secreto del tronco y de los brazos que se extienden en superiores niveles de existencia, ha encontrado el secreto de las verdaderas, poderosas, raíces. El árbol es el guardián de un mensaje para el hombre, con el transcurso del tiempo ha conservado su estructura para hablarle a los hombres.

Respirando, el hombre inhala oxígeno y exhala dióxido de carbono, el árbol inhala dióxido de carbono y exhala oxígeno. Este ciclo representa una perfecta complementariedad, de gran belleza. A veces sucede que los árboles son invadidos por las orugas, entonces los hombres cortan las ramas afectadas y queman los nidos y a pesar de que este gesto nace de una buena intención, no es deseable. Si es necesario cortar las ramas, es también siempre necesario preservar la parte superior de un árbol. Aquello que nace como una buena intención termina causando sufrimiento, de hecho, el árbol sufre más por las amputaciones que por los ataques de las orugas.

Con los árboles, al igual que con los seres humanos, si se les quiere ayudar, es conveniente ser dulces, sensibles, respetuosos. ¿Un árbol crece torcido? Enderezémoslo con dulzura, para no arriesgarse a quebrarlo. Para ayudar realmente a alguien, se precisa mucha inteligencia, sensibilidad, inspiración, comprensión, fuerza y delicadeza, se precisa estar en armonía con su "ser esencial" para poder encontrar la actitud y la acción adecuada.

Traducido por SB

lunes, 26 de junio de 2017

LA GRATITUD



 
Una de las claves del respeto, y por consiguiente de la alegría interna y de la iluminación, es aprender a ser agradecido y a dar las gracias con gratitud y con una adecuada comprensión. Ciertamente me dirán que algunas veces no hay por qué dar las gracias, y que eso cultiva una actitud inocente, pasiva y débil. En verdad, la gratitud es todo, excepto debilidad. Abre la puerta a una ciencia y conocimiento superiores. Un acto emanado de la gratitud es siempre beneficioso y bello. No saber dar las gracias no significa fortaleza en lo absoluto, sino debilidad. Una persona prisionera de su descontento cae en estados mentales negativos que le roban su fuerza y su energía.

La expresión "gracias" no es una mera frase educada y convencional. Es, sobre todo, una palabra sagrada, un poderoso mantram trasmitido a todas las personas por los grandes maestros espirituales y sus discípulos más iluminados. Sí, muchas costumbres de la vida que practicamos en forma inconsciente fueron originalmente instituidas por seres de luz que deseaban ayudar a la humanidad. La expresión "gracias" tiene el poder de abrir la conciencia y despertar a la verdadera riqueza. 

Aquellos que saben dar las gracias cuando caen en las pruebas, demuestran su valor interno y su conexión con una conciencia superior. Un agradecimiento tal debe provenir de una clara conciencia y de un perfecto conocimiento de las leyes de la vida. Entonces posee el poder alquímico para transformar las situaciones y los estados mentales.

Cuando se dice de la forma correcta, el agradecimiento tiene la virtud de purificar el alma terrenal y las relaciones entre los seres. Dar las gracias a alguien es purificar la atmósfera entre tú y esa otra persona. Algunas veces incluso puede sanar relaciones kármicas y situaciones difíciles. "Gracias" ejerce un poder liberador; permite el desapego, el abandono (o la aceptación de las cosas), y facilita el perdón. Puede convertirse en una verdadera bendición para uno mismo y para otros; puede ser una muralla de defensa contra las fuerzas de la oscuridad que con frecuencia tratan de interferir en nuestras vidas para perturbar furtivamente, complicarlo o destruirlo todo. 

Por medio de la gratitud, también se puede crear una firme base --una sobre la cual se pueda construir una vida útil, armoniosa, rica y consciente--, en el aspecto psicológico de la vida.

Las virtudes de la gratitud son demasiado numerosas para describirlas; lo más sencillo es conocerlas por experiencia propia, poniendo en práctica la gratitud. Sin duda que necesitaremos una nueva percepción del mundo mucho más espiritual y sutil. Es en el mundo invisible donde el agradecimiento adquiere todas sus dimensiones. 

Por supuesto, si vivimos sin espiritualidad, sin conciencia, si damos la espalda al mundo invisible, admito entonces que dar las gracias pueda convertirse en una debilidad: para un ignorante, el agradecimiento es la muerte. Pero creo que nosotros aún no llegamos a esto.

Para quienes están conscientes de su espiritualidad y, por tanto, de la parte más sutil de su ser y de la vida, agradecer es incrementar la intensidad de la vida. El descontento estrecha la vida, mientras que la gratitud la expande, la aumenta, incrementa la alegría, y abre las puertas del infinito, del amor. 

Aquellos que reciben amor con gratitud lo reciben doblemente, mientras que quienes están descontentos lo pierden. La gratitud es el arte de saborear la vida con agrado; es también una aceptación inteligente y trabajo sobre uno mismo. El niño pequeño que recibe muchos cuidados no puede tener recogijo, mientras crea merecerlo todo. Vivir una mentira es sentenciarse uno mismo a infortunios y a desilusión.

Estoy convencido de que la alegría depende de nuestra actitud en la vida. Si tu agradecimiento contiene todo lo que es del cielo, entonces se convierte en una fabulosa oración y en un regalo de amor. 

Quien pronuncia las "gracias" de esta manera, comprende que nada en esta tierra le pertenece, y que todo es un regalo de los seres superiores que velan por él. Ni siquiera su cuerpo, sus pensamientos o sus deseos le pertenecen. Dar las gracias por todas estas bendiciones es estar en camino de adquirirlas verdaderamente, y de hacer algo positivo con ellas. Cuando el agradecimiento se transforma en una oración, adquiere el poder de triunfar sobre las fuerzas oscuras y los estados mentales negativos que envenenan la vida.

Cada vez más y más, el mundo se asemeja a una selva infestada de insectos y animales extraños, hasta el punto de encontrarse uno en situaciones donde los estados mentales oscuros invaden la conciencia y la sensibilidad como una nube de mosquitos, en forma cada vez más frecuente. Ya no sabemos cómo escapar a esos estados destructivos. El gran agradecimiento "aquel que conoce el sendero hacia el mundo superior invisible" puede liberarnos. Repito lo que digo, porque para mí el agradecimiento que se eleva al cielo con respeto y gratitud es la oración más hermosa. Ahora, es la oración más eficaz para sacar a los seres humanos del control de las fuerzas oscuras y los estados mentales negativos. La palabra "gratitud" también significa renacer a uno mismo.

Finalmente debemos comprender que hemos permitido una forma de vida artificial que incrementa el desarrollo de la negatividad. Por eso, tanto en el futuro como en el presente, las técnicas de alquimia interna serán cada vez más indispensables. Sin ellas, será imposible luchar para mantener la propia dignidad, el tesoro del alma, la belleza interior. 

Debemos reinventar una nueva forma de vivir en la tierra para poder recobrar las fuerzas del alma que abren las puertas del cielo y de la iluminación. Esta es una necesidad para el futuro.

Cuando los seres humanos llevan el cielo y la tierra dentro de sí mismos, no hay fuerzas negativas que puedan penetrar en ellos. Entiéndanme bien: para mí el descontento es una fuerza negativa. Claro que hay un tipo de descontento que es beneficioso, porque permite ponernos a trabajar aún más para alcanzar la perfección, pero este descontento es mesurado y controlado, es una herramienta de la creatividad. No estoy refiriéndome a éste, sino al que invade el alma y lleva al servilismo, cerrando las puertas a la inteligencia superior.

"Gracias" es una palabra que une al cielo y la tierra. Cuando el agradecimiento es sincero y está lleno de fuerza vital, tiene el poder de tocar y despertar ese centro íntimo que radica en el estómago y que los japoneses denominan el "hara". La verdadera fuerza proviene del profundo agradecimiento que toca el centro del ser uniendo cielo y tierra. Quien sabe cómo agradecer a la tierra, halla el fundamento de la vida psicológica. La tierra limpia, purifica y sana muchos problemas psicológicos, e incluso enfermedades físicas, porque ambos están estrechamente relacionados.

Quien sabe cómo agradecer a la inteligencia de los cielos halla dirección en su meta en la vida. Es una luz que ilumina con verdadero conocimiento. Todo lo que necesitamos hacer es ponernos a trabajar. Muchas cosas en nuestra vida dependen de la forma en que dirigimos nuestras energías. La inteligencia no radica en digerir las cosas como una cotorra, sino en la capacidad de comprender el significado positivo de la vida y caminar en esta dirección por nuestro bien, por el de los demás, y por el mundo. Todos en la tierra deben ofrecer sincero y cálido agradecimiento a todos los seres -- no al pequeño ser artificial en ellos, sino al Innombrable, omnipresente. La aceptación de lo divino, sublime, infinito, inmortal, a través de todos los seres humanos y a través del Todo es la perfección del agradecimiento.


El verdadero agradecimiento abre la percepción de la belleza, 
de la sabiduría, de la grandeza y del amor.



Olivier Manitara

Fuente: EsseneSpirit

sábado, 4 de febrero de 2017

LAS LEYES UNIVERSALES


Uno de los puntos clave de la vida del pueblo esenio era el conocimiento y el respeto de las diez leyes naturales y universales, divinas, inmutables, de nuestro Ser y de la Vida, que existen desde siempre y en las que el paso del tiempo no tiene ninguna influencia, porque no están sujetas a la interferencia humana.

Determinan cómo vivir en armonía con nosotros mismos y con el entorno que nos rodea, y el desequilibrio, la falta de armonía, la enfermedad, se produce cuando no se aceptan y no se respetan tanto si es conscientemente como si no.

Deben ser respetadas incluso hoy en día, aunque para lograrlo es necesario borrar ciertas creencias obsoletas y construcciones creadas de la nada por algunos hombres para dominar a los demás. Son las siguientes:

—Ley del significado universal de la Vida.

En la vida todo tiene un sentido, Todo lo que Es existe por una razón, todo es perfecto, por lo tanto, hasta los posibles errores que cometemos representan en cualquier caso una experiencia. Tu sentido, es como eres, no cómo te gustaría ser. Aunque la enfermedad tiene un sentido. Así que cualquier cosa que nos sucede, que vivimos en el mundo, tiene un valor para nuestro crecimiento, evolución y realización y esto es justo lo que debemos descubrir, a través de la expansión, la profundización y la elevación de nuestra conciencia.

—Ley del espejo.

Lo que vemos en los demás es nuestra propia proyección. Cada persona con la que nos enfrentamos es nuestro espejo, que nos ayuda a entender cómo somos. La sanación puede lograrse a través de la aceptación de las actitudes o del comportamiento de los demás, que son distintos a los nuestros sólo superficialmente, mientras que, profundamente, son similares.

—Ley de la unidad: "Todo es Uno" y todos estamos conectados a la unidad.

Todo está interconectado y comparte la misma fuente. No existe separación, excepto donde el ser humano elige de vivirla como tal. Una de las lecciones más importantes es el de elevarse por encima de esta aparente separación para constatar que no es verdadera. La humanidad es similar a las islas de un archipiélago,  están todas ellas conectadas bajo el agua, los indios americanos utilizaban la expresión "mitakuye oyasin", que significa "todo está relacionado, conectado". Se habla de "campo morfogenético", un campo de organización invisible, penetrante, que trasciende los límites del espacio y del tiempo y determina la forma y el comportamiento de todos los sistemas y organismos vivos. Cuando se produce un cambio dentro de un sistema o de una especie de cualquier parte del mundo, tal variación impacta a los sistemas y especies similares que se encuentran en cualquier otra parte. Este es el inconsciente colectivo descrito por el filósofo Jung en la primera mitad del siglo pasado y entendido como substrato no manifestado en el que se propagan las informaciones.

—Ley de lo similar o de la resonancia.

Lo semejante atrae a lo semejante, lo semejante cura lo semejante. Las energías similares atraen partículas similares debido a sus campos electromagnéticos. Es sólo en la superficie que los opuestos se atraen, pero en profundidad es el semejante que atrae al semejante, atraemos lo que resuena dentro de nosotros, aquello que aún no hemos superado, aquello que tememos, aquello que necesitamos. De aquí el principio fundamental de la homeopatía: "lo semejante cura lo semejante."

—Ley de acción-reacción o de causa y efecto o ley del karma.

Cada pensamiento regresa a quien lo ha transmitido. Así como siembras, así recogerás, así como juzgas, serás juzgado. Transmitimos pensamientos, esto es la acción. Lo que viene de nuevo a nosotros, tarde o temprano, es la reacción. Si criticamos a alguien, el pensamiento regresará a nosotros después de un cierto período, como un problema de salud o como un evento de vida negativo. Incluso mentirse a sí mismos y a otros debilita el cuerpo y nos hace enfermar. Aquel que piensa egoístamente sólo en sí mismo y no en el otro, el que juzga todo el tiempo, el que descarga sus propias responsabilidades en el otro, tarde o temprano se enferma. Esta ley es el secreto de la Vida, que hemos olvidado, y se aplica no sólo a los pensamientos, sino también a las acciones, por eso es importante no hacer a los demás lo que no quieres que otros te hagan a ti.

—Ley del Ser.

Conocete a tí mismo, porque el propósito de la Vida es Ser. En la vida no es importante lo que se hace, sino en el modo en cómo se hace. Lo que importa no es "lo que somos", sino "aquello que somos."  Es esencial ver el valor que le damos a las cosas, la experiencia que está detrás de las cosas. Se puede saber, se puede saber hacer, se puede hacer saber, pero si no sabe "Ser" todo es inútil y sin sentido. Esta ley permite que una persona llegue a la comprensión de la Fuerza Divina dentro de sí mismo y dentro del Universo a través del conocimiento de todos los aspectos del propio ser.

—Ley de la inmanencia divina.

Dios, la fuente y la esencia de la Vida y el Amor, se encuentra en lo más profundo de nuestra conciencia. No hay separación entre nosotros, el mundo y Dios. La realidad última que se debe buscar se encuentra en nosotros, en lo más profundo de nuestro Ser, por lo que para entrar en contacto con alguna parte del Universo primero se necesita despertarla y activarla en nosotros mismos.

—Ley de la eternidad de la Vida.

La muerte no existe, sólo existe la Vida. La muerte del cuerpo físico es sólo una transición del Alma a otra dimensión o frecuencia vibratoria, a otro nivel de conciencia. El Alma, la parte espiritual y esencial del ser humano, existe tanto antes como después de la muerte del cuerpo físico y se une a éste en el mundo físico para llevar a cabo todas sus facultades y potencialidades y para cumplir el destino que le fue encomendado.

—Ley de la evolución. 

El propósito de la vida en la Tierra es el de evolucionar, para darse cuenta de la chispa divina que habita en lo más profundo de nuestro ser. Esta es la única perspectiva que puede conducir a una profunda paz, a la reconciliación de los opuestos y a la verdadera aceptación de todos los aspectos de la propia naturaleza y del mundo. Llegamos a entender que estamos en este mundo para "llevar a cabo una determinada tarea" y sólo su realización nos puede dar la verdadera felicidad.

—Ley del cambio.

Al cambiar nosotros mismos podemos cambiar el mundo. Cambiar nuestro estado de conciencia, nuestra forma de pensar, de sentir, de querer, podemos cambiar nuestra vida y nuestra forma de ser, es decir, somos capaces de cambiar el mundo. 

Si respetaramos estas leyes,
podríamos devolver a la Vida 
su dignidad energética y su luminosidad.

La Ley fundamental del ser humano, la verdadera clave de su integridad y grandeza es su autonomía (del griego "autonomos", seguir la propia ley interna, ser fieles a sí mismos). La patología más profunda y la verdadera desarmonía consisten en no reconocerse a sí mismos, a Dios y a la naturaleza y por lo tanto no ser capaces de expresarse verdaderamente y cumplir lo que han venido a realizar en este mundo. Uno se convierte en extraño a sí mismo, al universo, a la vida y no se puede entender qué hacer y qué no hacer, cómo utilizar las propias energías de forma armoniosa y creativa. Si estas condiciones persisten, entonces todos los recursos terapéuticos son de poca utilidad.

Daniel Meurois-Givaudan, Così curavano
Anne Givaudan- A. Achram, Antiche terapie essene e lettura dell’aura
Anne Givaudan, Tradizioni essene per una nuova terra

miércoles, 28 de diciembre de 2016

CURAR CON EL SONIDO






Por Anne Givaudan

Es una certeza que vive en los corazones de las personas desde los albores de los tiempos. El sonido no es sólo una parte de nuestra vida, sino que la acompaña a cada momento. Que sea producido por la voz o por medio de un instrumento, es un portador de emociones que, muy a menudo, nos dirigen.

El bebé mecido por el canto de la madre se calma; así como los militares, al ritmo de una música de dos tiempos, avanzan con ritmicos pasos, listos para luchar. Actuando en nuestro comportamiento, el sonido calma, da energía o destruye.

Hace algunos años, un estudio afirmaba que se habían producido una serie de suicidios al escuchar un cierto tipo de música. En estos tiempos, muchos publicistas están estudiando el impacto de la música difundida en los grandes centros comerciales para que los consumidores adquieran muchos productos en el menor tiempo posible.

Mucho más que vibraciones 

El Verbo es, por lo tanto, creador y no se trata ni de una imagen ni de una parábola, sino de una realidad muy concreta.¿No han oído hablar alguna vez de los sonidos agudos que pueden romper el cristal? Esta es la prueba de que los sonidos emitidos por la voz tienen una potencia que alcanza la materia densa. Por tanto, es evidente que los sonidos no sólo afectan a nuestras almas, sino a todo nuestro cuerpo.

Desde las primeras semanas, a través de los huesos del cráneo y de la pelvis de la madre, el feto está en relación con el mundo exterior, especialmente con los "ruidos" y las "voces". En los meses siguientes, percibirá las bajas frecuencias que lo harán vibrar. Su sensibilidad al sonido lo hará moverse de forma armoniosa y, en esos momentos privilegiados, también nosotros podremos sentir estiramientos o gestos de la mano que expresan su satisfacción.

Si durante el embarazo escucha una o más música, el bebé la reconocerá y se calmará cuando la oiga de nuevo. Del mismo modo, también se interesará o se asustará de las voces amistosas o no amistosas escuchadas durante los primeros nueve meses.

Un poder penetrante de las mil virtudes

El sonido penetra en todas partes, se insinúa en la célula más pequeña, ya se trate de células humanas, células vegetales o animales. Las plantas y los animales, que captan frecuencias más elevadas que las nuestras, también están influenciados por la música.

Haciendo "escuchar" la música clásica a las plantas se ha podido observar un mejor crecimiento. Por el contrario, la música desestructurada retardaba considerablemente el crecimiento de éstas. El profesor Masaru Emoto hizo increíbles experiencias acerca de la sensibilidad de las moléculas de agua a la música. Gracias a la música elegida con cuidado, logró reconstruir muchas aguas contaminadas, especialmente el agua de la central de Fukushima en Japón, ofreciendo meditaciones para que juntos pudiéramos ayudar a que estas aguas recuperaran su propia vitalidad.

Los animales no están excluidos de las influencias sonoras, por ejemplo una vaca lechera produce leche de mejor calidad escuchando a Bach o a Mozart. ¿Y qué ocurre con los sonidos específicos para ayudar a la curación?

Del sonido a la curación

Conscientes de la influencia de los diferentes sonidos en los organismos vivos, se comprende fácilmente que el sonido es también un sanador fabuloso. En la práctica de los sonidos esenios, el sonido es considerado como uno de los elementos esenciales para el reequilibrio de la energía. ¿Qué es la potencia del sonido? ¿Cómo  puede reaccionar en nuestro cuerpo físico?

Muchas medicinas tradicionales conocen y usan el sonido para fines terapéuticos, sea que el sonido se emita o no. La medicina china atribuye una nota a cada órgano. En la medicina ayurvédica, se recitan mantras durante la preparación de pociones con el fin de darles la máxima eficacia. Se utilizan todo tipo de mantras de curación en todos los tipos de yoga. La medicina chamánica de los indios de América utilizan cantos indicados para restaurar la salud. El Dalai Lama grabó un CD con mantras de curación... En Baloutchistan, los sanadores chamanes tocan música con el fin de exorcizar a sus pacientes...

El canto como bálsamo 

La medicina esenia, así como la medicina china o ayurvédica, era una medicina tradicional reconocida por todos. 'La voz de leche' –es decir el arte de la palabra suave y fluida– y 'el sonido que cura' eran una parte integral del aprendizaje del terapeuta. "El canto que se expande desde la garganta como la leche o una bebida con miel es como una venda sobre una herida, un bálsamo que alivia el, a menudo, cegador dolor", dijeron los grandes terapeutas de la época.

En las profundidades del monasterio del Monte Krmel, en Israel, se daban enseñanzas secretas sobre la curación. Los estudiantes –esenios,  nazarenos o egipcios–  eran muchachos jóvenes escogidos por sus capacidades. Entraban al monasterio a la edad de siete años y se quedaban allí por seis años. Durante este tiempo, las niñas recibían las mismas enseñanzas, impartidas por los sabios, en lugares privados.

“Pon atención en cómo piensas y en cómo hablas, porque se puede transformar en la profecía de tu vida” 
San Francisco De Asís

Generar bellas palabras 

Me gustaría presentar a vuestra consideración algunas palabras de los maestros del Krmel, especializados en el arte de 'la voz de leche': "Una frase articulada es un universo, una palabra hablada es un mundo con su Sol, un sonido emitido es un planeta. Sabed que en realidad vosotros sois un Dios por las palabras que hacéis nacer de vuestra boca. Esas crean y apoyan los mundos que no conocéis [...] la vibración es la vida más original que jamás se pueda concebir. Por lo tanto, es importante que las palabras no caigan de vuestros labios, sino que se deslizen suavemente como una leche de vida ".(Extraído de Memorias de un Esenio de Daniel Meurois e Anne Givaudan) 

De esta manera, una frase o sólo una palabra puede ser vitalizante o devastadora de acuerdo a la energía que emita, de acuerdo a la intención de quien pronuncia las palabras y al modo en que salen de su boca. La voz lleva en sí todas nuestras emociones, todas nuestras contradicciones, nuestro amor y nuestro odio. Es, por tanto, esencial que ésta se convierta en un vector de paz y amor, si queremos que algo cambie en esta Tierra. 

¿Quién, a merced de una emoción, no ha tenido la voz temblorosa o llena de dureza en el caso de estar furioso? Cada uno de nosotros ha tenido la experiencia. El poder de los sonidos, incluso más que el de las palabras, es el portador de la destrucción o del amor.

Escuchar dentro de nosotros mismos

Se necesita tiempo y perseverancia para aprender los sonidos de la curación, al menos en la práctica esenia, no porque sean difíciles de emitir, sino porque requieren ser oídos dentro de uno mismo. Debemos, por lo tanto, silenciar nuestra mente, la tarea más difícil de nuestra época.

Los esenios sabían que el cuerpo emite una música compuesta por notas emitidas por cada órgano que lo compone. Cuando un órgano está enfermo, como una nota desafinada, pone en desacuerdo a la totalidad del instrumento. Para acceder a la sanación, es necesario ser capaz de escuchar la o las notas desafinadas cerrando nuestros sentidos externos para abrir la puerta a nuestros sentidos internos. Entonces, y sólo entonces, el que escucha el sonido fuera de tono será capaz de devolverle su nota inicial y de afinar el instrumento que es el cuerpo del paciente.

Participar en la sinfonía de la Vida 

El sonido y el amor son los factores esenciales para la curación. En primer lugar en un plano energético y, por resonancia, en el cuerpo físico.

Por lo tanto, ¿hay algo mejor que convertirse en instrumentos emisores de música armoniosa en la superficie de la Tierra? De esta manera, todos unidos, como órganos que constituyen un inmenso cuerpo, compondremos la más maravillosa de las sinfonías, la de la Vida.



viernes, 2 de diciembre de 2016

Dime, ¿quién es tu enemigo?



Una de las primeras preguntas que los sacerdotes del Egipto de Akhenatón hacían a sus enfermos era esta pregunta: "¿Contra quién o contra qué estás en guerra?" Del mismo modo, el Cristo preguntaba frecuentemente a los que buscaban la curación a su lado "Dime, ¿quién es tu enemigo".

Estas preguntas, que pueden sorprendernos hoy día nos dan sin embargo una idea de la mirada que se posaba en aquellos tiempos sobre la noción de enfermedad. Es evidente que cuando un ser enfermo es recibido de ese modo, se ve en seguida llevado a la raíz de sí mismo y a hablar de las "verdaderas cosas" de su vida. No es su cuerpo lo que consulta en primer lugar, sino su alma, y eso cambia todo.

Así, en el seno de las Fraternidades egipcia y esenia, lo habitual no era analizar inmediatamente "con lupa" un síntoma. Se buscaba en primer lugar centrarse en el mundo, frecuentemente mudo, de las Causas. Es fácil comprender que la desarmonía que se adueña de un cuerpo es la resultante de la guerra interior que un ser lleva, a menudo a sus espaldas, contra una circunstancia, contra una persona y, sobre todo, contra sí mismo. ¿Por qué sobre todo? En mi opinión, fue el Maestro Jesús en persona quien expresó mejor la razón, durante una conversación privada con algunos de sus discípulos...

"Con frecuencia os escucho acusar al otro, o a las circunstancias de vuestra vida, cuando la enfermedad toma posesión de vosotros. Clamáis contra la incomprensión, contra la injusticia, e incluso a veces la tomáis con vuestro Padre Celeste... ¡Que ceguera, amigos míos! ¡Y qué falta de escucha a todo con lo que os cruzáis en vuestro camino! ¿No sois vosotros quienes habéis generado, una tras otra, cada una de las circunstancias y de los encuentros de vuestra vida? ¿No es exacto que os encontráis ahora frente a mí, es porque habéis hecho elecciones y dirigido vuestros pasos en una dirección y no en otra? Yo soy vuestra circunstancia... para cierta forma de salud. 
Escuchadme y creedme... Somos siempre circunstancias unos para otros. Las piezas de un gigantesco juego que atraemos hacia nosotros o que repelemos. Quiero decir que todos somos, unos respecto a otros, oportunidad para crecer o para estancarse. Somos los acontecimientos por los que nos moldeamos y nos remodelamos mutuamente. 
De este modo nos fabricamos nuestros equilibrios y nuestros desequelibrios. Nuestras ocasiones de salud así como las de nuestras enfermedades son los justos frutos de las elecciones que hacemos. El otro, aquel al que acusamos, no es más que el pretexto tras el cual se esconde nuestra ceguera y nuestra inconsciencia. El enemigo es siempre algo que criamos y al que nutrimos constantemente en nosotros mismos... Y lo inventamos en su totalidad ya que, en realidad, no existe. 
Miradme y comprendedme... Me sé adversario, pero no tengo enemigos. Nada en mí, puede estar en guerra, porque no considero que haya nada que forzar ni que abatir. Mi salud habla de mi paz... Tejo mi paz y me invento y me reinvento, eterno e inatacable bajo el sol".

Tal discurso, si lo llevamos a su más simple expresión, solo nos habla de una cosa: el sentimiento de unidad que debe presidir el equilibrio fisico y psicológico de todo hombre y toda mujer. La percepción de una Unidad que había que realizar con uno mismo y con el mundo estaba verdaderamente en la base de la salud tal como la concebían las Tradiciones a las que nos referimos.

Partiendo de esta visión, el enfermo era alguien que se hacía atrapar en una trampa. La de la dualidad y la separación.

Por tanto, el estado de ruptura y de desarmonía que resultaba era visto como el creador de cierto número de cortes en la conciencia, que se prolongaban de forma totalmente natural hasta los cuerpos más densos. En otros términos, se concebía que el arraigo de un estado de conflicto en el ser se convertía casi necesariamente en el germen de un futuro trastorno de salud. A ese nivel, esto coincide de forma evidente con la noción moderna de "enfermedad psicosomática". Sin embargo, la comprensión tradicional de la enfermedad no se detenía ahí. Admitía y exploraba una dimensión del pensamiento humano y de la reserva de energía que este constituye.

Nuestro mundo moderno revindica el descubrimiento de las ondas cerebrales porque ha empezado a medirlas. Sin embargo, no ha hecho sino dar un nombre diferente y algunas citas sobre una realidad ya conocida por los antiguos egipcios. Ellos y sus herederos sabían bien que el simple hecho de pensar pone en movimiento fuerzas que, por impalpables que sean, no están desprovistas de influencia ni de un poder real sobre nuestra vida. De este modo, estimaban que cada individuo se rodeaba de una corriente de vida psíquica que le seguía a todas partes, que evidentemente proyectaba entorno a sí pero en la que, ante todo, él mismo se bañaba y de la que dependía la globalidad de su salud.

Este sistema de referencias tenía también en cuenta otra cosa. Los terapeutas partían del principio de que el campo energético del aura humana -ya que es de ella de lo que se trata- actúa constantemente en interación con nuestro universo. De hecho, tenían conciencia de la existencia de una inmensa aura planetaria sobre la que interferia la suma de auras, y por tanto de la actividad psíquica, de cada uno de sus habitantes.

Desde esta perspectiva, para ellos existía, "por encima" de nuestro mundo invisible, un universo, entre otros, comparable a un inmenso granero de pensamientos. Esta reserva colosal estaba compuesta de un gran número de compartimentos. En cada uno de ellos iban a alojarse todas las semillas de la misma variedad.

Por tanto, siguiendo este concepto, existe la masa energética de todos nuestros pensamientos de cólera reunida en un plano vibratorio específico, en otro, la de todos nuestros pensamientos de amor, en otro, la de todos nuestros pensamientos de odio, y así sucesivamente, hasta el agotamiento de la variedad de lo que el ser humano es capaz de emitir, lo bello y lo menos bello.

Cada uno de los compartimentos corresponde a lo que tradicionalmente llamamos un egregor o, de forma más moderna, un campo morfogenénico. Es un receptor y al mismo tiempo un emisor, el emisor con el que el ser humano se pone en resonancia cuando mantiene en sí un determinado estado de pensamiento y de focalización de la conciencia.

En términos más simples, los antiguos nos decían: "Cultiva la cólera y serás colmado de cólera, genera amor y serás nutrido de amor. Así, si alimentas el confllicto, el conflicto se alojará en ti, pero si siembras la dulzura, tu camino terminará por cubrirse de unidad"

"Tenéis todos los medios necesarios para actuar. ¿Cómo? Yendo al encuentro del sufrimiento allí donde se origina y desarrolla. Escuchadme. Quizá conozcáis a alguien a quien consideráis un enemigo o, al menos, una persona con la que vivís cierta tensión, un estado de conflicto, alguien a quien tenéis algo importante que reprochar. Id a su encuentro. Tened la intrepidez de llamar a la puerta de su alma hablándole con el corazón. Exponedle vuestra dificultad sin juzgarlo, sin imponerle lo que consideráis que es vuestro derecho. Sin pasión. Simplemente, para perforar el absceso de lo no dicho. Haciéndolo así, desactivaréis una bomba en vosotros y en la otra persona, aunque el efecto no sea inmediato."
"El que viene"- A. y D. Meurois-Givaudan


Así Curaban Ellos Daniel Meurois-Givaudan

sábado, 22 de junio de 2013

EL PODER DE LA PALABRA


La palabra, junto con el poder de la vibración es capaz de crear, sanar y también destruir.

La teoría indica que cuando focalizamos nuestra mente en algo, y a esto le sumamos el sentimiento y la emoción para finalmente expresarlo, estamos exteriorizando y materializando un poder que estará afectando los reinados de la materia
















LO QUE LE DICES A TU SEMEJANTE, TE LO DICES A TI MISMO

Si cada uno de nosotros estuviésemos conscientes de que la energía liberada en cada palabra afecta no sólo a quien se la dirigimos sino también a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, comenzaríamos a cuidar más lo que decimos.

Los antiguos esenios sabían de la existencia de un enorme poder contenido en la oración, el verbo y la palabra. Los antiguos alfabetos, como el sánscrito, el arameo y el lenguaje hebreo son fuentes de poder en sí mismos. Los esenios utilizaron la energía que canaliza el lenguaje – la cual era la manifestación final del pensamiento, la emoción y el sentimiento- para manifestar en la realidad la calidad de vida que deseaban experimentar en este mundo. En las culturas del antiguo Oriente eran utilizados los mantras, los rezos, los cánticos y las plegarias con una intención predeterminada como técnicas para materializar estados internos y programar, de una forma ignorada por nosotros en la actualidad, realidades pensadas, deseadas y afirmadas previamente.


Los maestros espirituales y religiosos de la antigüedad han sabido, desde hace miles de años, que nuestro cuerpo se puede programar por medio del lenguaje, las palabras y el pensamiento. Ahora eso se ha probado y explicado científicamente. La sorpresa mayor fue descubrir la manera en que el 90% del “ADN Chatarra” almacena la información. “Imaginemos una biblioteca que en lugar de archivar miles de libros sólo guarda el alfabeto común a todos los libros, entonces, cuando uno solicita la información de un determinado libro, el alfabeto reúne todo lo contenido en sus páginas y nos lo pone a nuestra disposición”, aclaró Garjajev. Esto nos abre las puertas a un misterio aún mayor: que la verdadera “biblioteca” estaría fuera de nuestros cuerpos en algún lugar desconocido del cosmos y que el ADN estaría en comunicación permanente con este reservorio universal de conocimiento.

LA EVIDENCIA INESPERADA

El investigador Dan Winter, que desarrollara un programa de computación para estudiar las ondas sinusoidales que emite el corazón bajo respuestas emocionales, en una fase de la investigación con sus colegas, Fred Wolf y Carlos Suárez, analizó las vibraciones del lenguaje hebreo con un espectrograma. Lo que descubrieron fue que los pictogramas que representan los símbolos del alfabeto hebreo se correspondían exactamente con la figura que conforma la longitud de onda del sonido de cada palabra.

Es decir que la forma de cada letra era la exacta figura que formaba dicha longitud de onda al ser vocalizada. También comprobaron que los símbolos que conforman el alfabeto son representaciones geométricas. En el caso del alfabeto hebreo, las 22 gráficos utilizados como letras son 22 nombres propios originalmente usados para designar diferentes estados o estructuras de una única energía cósmica sagrada, la cual es la esencia y semblanza de todo lo que es. El libro del Génesis está escrito en este lenguaje.

Las letras de los antiguos alfabetos son formas estructuradas de energía vibracional que proyectan fuerzas propias de la estructura geométrica de la creación. De esta manera, con el lenguaje se puede tanto crear como destruir. El ser humano potencia el poder contenido en los alfabetos al sumarle el poder de su propia intención. Eso nos convierte en responsables directos de los procesos creacionales o destructivos en la vida. y con tan solo ¡la palabra!

EL PODER CURATIVO DE LA PALABRA

Existe una capacidad demostrada en la que la palabra puede afectar la programación del ADN. La salud podría conservarse indefinidamente si nos orientamos en pensamientos, sentimientos, emociones y palabras creativas y, por sobre todo, bien intencionadas.























Los estudios del Instituto Heart Math nos abren un nuevo panorama hacia la curación, no solo de los humanos enfermos, sino también para la sanación planetaria. El instituto cree en la existencia de lo que ellos dieron en llamar “híper-comunicación”, una especie de red de Internet bajo la cual todos los organismos vivos estarían conectados y comunicados permitiendo la existencia de la llamada “conciencia colectiva”.

El Hearth Math declara que si todos los seres humanos fuéramos conscientes de la existencia de esta matriz de comunicación entre los seres vivos, y trabajáramos en la unificación de pensamientos con objetivos mancomunados, seríamos capaces de logros impensados, como la reversión repentina de procesos climáticos adversos.

El poder de los rezos, oraciones y peticiones, tal como nos lo han legado los antiguos esenios -potenciado por millares de personas-, nos otorgaría un poder que superaría al de cualquier potencia militar que quisiera imponernos su voluntad por la fuerza.

Este poder ha sido demostrado en especies animales como los delfines, que trabajan unificados en objetivos comunes. Los delfines utilizan patrones geométricos de híper-comunicación, ultrasonido y resonancias que les sirven para interactuar con las rejillas energéticas del planeta. Estos animales poseen la capacidad de producir estructuras sónicas geométricas y armónicas bajo el agua. Podríamos afirmar que los delfines ayudan más a mantener el equilibrio planetario de lo que lo hacen los humanos.

Si Dios nos otorgó el poder, significa que quiere que nosotros, una vez alcanzado un nivel de conciencia determinado, ayudemos con respeto a la vida a ser co-creadores de su obra.

Autor: Brad Hunter
Imágenes: Flickr

viernes, 21 de junio de 2013

MEMORIA DE ESENIO


Estos son gragmentos remarcables del libro Memoria de Esenio cuyos autores son Anne y Daniel Meurois Givaudan :

- Las impurezas y la corrupción de un cuerpo se deben siempre a la falta de perfección de la fuerza que vive en él.

- El Sol y el tiempo seco facilitan la visión de las auras. Una gran humedad o el cuerpo sumergido en el agua, como cuando se sale del baño, crean una dispersión del aura. La inmersión total y rápida de un cuerpo provoca durante una fracción de segundo una total expulsión del cuerpo etérico, lo cual puede provocar una pérdida de conciencia.

- Cada palabra que sale de nuestros labios es un universo que creamos.

- Los sonidos son materia en un plano que no vemos, que nuestra reflexión no puede captar. 

- Somos como las hojas del árbol de vida que apenas tienen conciencia de la rama que las sostiene y menos aún del tronco común de donde parte la rama.

- La soledad es la trampa de quienes cierran sus ojos. Cuando cerramos las persianas de nuestro corazón, no percibimos otra cosa que nosotros mismos.

- No supone ninguna gloria hacer de sabio entre sabios, sino que la verdadera grandeza es permanecer despierto entre los durmientes. 

-Hace 10.000 años, las mujeres aplastaban a los hombres, era un matriarcado.

- El odio no es más que el amor de lo que es contrario al Padre, tiene la cara de un amor escondido tras una máscara.

-Si un tercio de los hombres se pusieran a emitir sentimientos de paz, la estructura de toda la materia quedaría transformada para siempre. 

- A Jesús sólo lo comprendieron los corazones que viajan más allá de las palabras.

- Si das oro a una mula, aunque sea en un comedero de plata, preferirá los restos del forraje del día anterior. Al que no sepa ver la divinidad más que entre los árboles, hablémosle de un dios que se ha hecho árbol. Hay que admitir las diferencias. El oro espiritual no se impone.

- Sobre el régimen crudívoro: todo el calor que se sitúa más allá de la sangre humana destruye las cualidades primeras e impalpables de la vida generadora.

- Satán no representa a un ser, ni siquiera a un espíritu, es la energía oculta del cosmos, la fuerza de diferenciación, el soplo negro que Dios ha liberado para que aprendamos a elegir.

¿QUIÉNES ERAN LOS ESENIOS? 2ª parte




Pierre Abraham: Pero… de hecho… ¿qué fue de los esenios tras el pasaje del Cristo? 

Daniel Meurois-Givaudan: Históricamente… ¡no mucho! Se apagaron rápidamente. Al final, el movimiento contaba con pocos hombres y mujeres. Era una pequeña comunidad, puede que de entre mil a mil quinientas personas en el conjunto del país, repartidos a través de pequeños pueblos y monasterios que no estaban muy poblados.

Sabes que el imperio romano se extendió al conjunto de la Palestina de hace dos mil años. Hubo enfrentamientos extremadamente violentos y los esenios terminaron por hacer causa común con los zelotes, que eran la resistencia de la época frente al ejército romano.

Los esenios, en plena fiebre mesiánica, se refugiaron a su lado en el año 66 de nuestra era, en la fortaleza de Massada, en una imponente masa rocosa frente al 
Mar Muerto. Resistieron un sitio común frente a la legión durante días y días, antes de dejarse finalmente masacrar.

Puede decirse que a partir de la toma de Jerusalén, en el año 70, no se escuchó hablar más de los esenios. Parecen entonces desaparecer en la naturaleza. Puede pensarse que la comunidad se desmembró completamente, al igual que todo el movimiento zelote.

Como se ve, la fraternidad esenia tuvo un período de vida relativamente corto en la Historia, al menos como comunidad estructurada.

P.A.: ¿De cuántos años hablamos?

D.M.G.: De poco más de tres o cuatrocientos años. No más.

P.A.: ¡Es un período bastante corto!

D.M.G.: Efectivamente, es un período bastante corto. Sin embargo, sus conocimientos continuaron circulando de forma secreta a través de Oriente Próximo y Occidente. Son ellos los que alimentaron a ciertas Escuelas iniciáticas que encontramos en nuestros días. Pienso por ejemplo en las organizaciones que se reclaman de la Rosa-Cruz. Existe una filiación evidente, aunque esta no se detenga ahí.

Lo que quiero señalar es que cierto número de esenios de corazón, de sensibilidad, se reencarnaron de forma manifiesta en el pueblo cátaro. Se encuentran aspectos del pensamiento esenio en el estado de espíritu, en algunas de sus disciplinas, e igualmente en su ascesis.

Lo que es sorprendente es lo ocurrido al final del Catarismo…
Todo el mundo sabe cómo el movimiento cátaro fue decapitado tras la caída de Montsegur.
Recordamos esa fortaleza asediada por el ejército del rey de Francia, con los cátaros reunidos en el recinto y ayudados –eso se sabe menos– por algunos templarios.
Todos, finalmente, se hicieron masacrar o subieron a la hoguera.

¿Qué ocurrió en Massada alrededor de mil doscientos años antes? Se trataba igualmente de una fortaleza. Los esenios que se habían refugiado allí (¿los futuros cátaros?), hicieron causa común con los zelotes, hombres de armas, tal como lo fueron los templarios más tarde. Unos y otros terminaron prácticamente del mismo modo: los esenios y los zelotes se suicidan antes de rendirse a los romanos y los últimos supervivientes se inmolan en el fuego mientras que dos o tres entre ellos se evaden en secreto por la parte de atrás de la fortaleza, prefigurando así lo que ocurrirá en Montsegur.

Evidentemente, los cátaros no se suicidaron sino que su resistencia desesperada equivalía a una muerte programada. Si no se inmolaron, sí que murieron en la hoguera tan pronto como el castillo fue tomado por el ejército real. Es como si la historia se hubiera repetido… Esta analogía siempre me ha fascinado. El hecho es que los esenios, como tales, no se volvieron a manifestar a partir de ese momento, al menos como fraternidad encarnada.

P.A.: ¿Practicaban la meditación?

D.M.G: Sí, la practicaban. La meditación siempre se ha practicado en las grandes tradiciones iniciáticas de nuestro mundo. Sin embargo, practicaban posiblemente más la oración. La oración mediante la repetición de sonidos significativos… En efecto, lo que llamamos mantras en la tradición hinduista y budista.

Los esenios tenían sus propios mantras. También practicaban la contemplación. No tengo nada que decir en particular, pero esto podría ser el tema de otro libro.

La restitución, la reescritura de los métodos de meditación y de oración esenios. La idea me viene de repente. Tras esta declaración, seguramente me dirán “hazlo, hazlo…”. Puede ser, pero no lo sé… Si es útil, me pondré a ello.

De modo que sí, los esenios meditaban. Gran parte del tiempo era consagrado a la oración y a la meditación, tanto en el monasterio del Krmel, en el Qumran, como en los pequeños pueblos. La meditación nunca se consideró –por los que conocen verdaderamente la fuerza– como una forma de sustraerse al mundo sino, al contrario, como una forma de estar más vivo en el mundo, de ser más uno mismo en el mundo y además… volverse una especie de intermediario entre las diferentes expresiones de la vida. El que medita es un puente entre lo Invisible y lo Visible, entre la Eternidad y la Ilusión de la Materia.


P.A.: Se dice, y tú también lo dices Daniel, que los esenios eran terapeutas. Además, hoy día se habla mucho de terapias esenias… ¿Qué son exactamente?


D.M.G: Sí, en efecto los esenios eran terapeutas. Es algo oficial… no porque hubieran inventado exactamente un método de terapias o porque hubieran reunido un conjunto de conocimientos terapéuticos, sino porque lo habían heredado de los antiguos egipcios… Me refiero a los egipcios de la época de Amenofis III y de Amenofis IV, más conocido bajo en nombre de Akhenatón. Éstos emprendieron la misión de reunir la suma de conocimientos terapéuticos disponibles en esa época, una suma de informaciones que circulaba de manera secreta desde los tiempos más remotos.

Algunos dicen que desde la Atlántida, pero podríamos decir también que desde Lemuria, es decir, desde el alba de los tiempos que es humanamente posible evocar. Los egipcios reinaban sobre el conjunto de la cuenca mediterránea. Fueron ellos los que construyeron, en las inmediaciones de lo que hoy se ha convertido en la ciudad de Haifa, el famoso monasterio del Krmel del que he hablado antes. Este monasterio se hizo conocer, podemos decir, como una principal embajada del conocimiento terapéutico e iniciático egipcio en las orillas del Mediterráneo. En aquella época esa tierra no era todavía la Palestina sobre la que el pueblo israelí se instaló. Era una tierra bajo dominación egipcia.

Todo ello constituye la razón por la que los herederos espirituales de los terapeutas egipcios, los esenios, prosiguieron la tarea de estos últimos en este lugar. 

Moisés fue el gran transmisor de conocimientos egipcios al pueblo judío. Los esenios, una pequeña minoría en su seno, se encontraron con un enorme corpus de conocimientos esencialmente terapéuticos. Es por esta razón por la que eran especialmente reputados en la época del Cristo por los cuidados que podían practicar.


Por otro lado, habían organizado toda una red de “dispensarios” más o menos secretos o troglodíticos en los que practicaban estas terapias.

A lo largo de toda la Palestina de la época se les llamaba betsaids. La ayuda allí proporcionada era gratuita o era objeto de intercambio de servicios.

Los esenios eran conocidos por esos lugares de acogida –podían servir por ejemplo de maternidades– y por el conocimiento, diría, “oculto” de las leyes sutiles que rigen el cuerpo humano. A partir de esta realidad se vehiculó un poco por todo occidente el enfoque energético del cuerpo con las técnicas correspondientes.

Por lo que a mí respecta, lo redescubrí por mí mismo en primer lugar no por los Anales Akáshicos sino por canalización a partir del otoño de 1984. La inmersión de mi alma en los Anales Akáshicos me permitió profundizar en el tema a lo largo de los años. En esta época, en un pequeño pueblo del Perigord, comencé a recibir y a transmitir informaciones terapéuticas provenientes de las esferas de conciencia exteriores a la de nuestro planeta. Emanaban de seres no terrestres que ya habían comunicado, en un pasado remoto, con los antiguos pueblos de nuestro mundo, incluyendo a los egipcios y a los esenios.

Los esenios eran, insisto, hombres y mujeres que, psíquicamente hablando, tenían una fluida relación con lo Invisible. Por tanto, ellos mismos recibían de manera frecuente informaciones, enseñanzas de origen no terrestre y de envergadura cósmica, podríamos decir que en contacto con lo Divino.

En 1984, cuando fui llevado a reconectar con mis antiguas existencias esenia y egipcia, y a iniciar todo el trabajo que trato de llevar a cabo hoy día, yo mismo comencé a recibir públicamente, delante de un grupo de entre treinta y cincuenta personas al ritmo de una o dos veces por semana, informaciones relativas a estas terapias esenias… o más precisamente, egipcio-esenias.

Yo mismo recogí por escrito estas informaciones, y muchas de ellas también fueron grabadas en cintas magnéticas al mismo tiempo que eran transmitidas en directo ante una asamblea. He trabajado durante una docena de años en Francia con las personas que formaban parte de la misma.

También comenzamos a dar a conocer y a practicar un método de cuidados energéticos a partir de los mensajes recibidos, con sus detalles, y el conjunto de informaciones me eran transmitidas.

Todo ello terminó por constituir una especie de corpus que, desde entonces, he continuado nutriendo por otras informaciones que me han sido proporcionadas así como por numerosas lecturas en los Anales Akáshicos.Este es el aspecto histórico de la cuestión… Por tanto, nos encontramos hoy con una verdadera suma de conocimientos.

Con el tiempo, otras personas han comenzado también a transmitirlos. Han retomado el método en sus fundamentos y la enseñanza a su manera.

Las “terapias esenias” han sido reiniciadas como tales en nuestra época. Cuando resurgieron a través de mis canalizaciones, no las llamábamos de manera específica “esenias”, hablábamos de terapias energéticas universales. Terminamos por llamarlas esenias por asimilación, ya que hace dos mil años fueron los terapeutas esenios los que mejor las pusieron en práctica.

Hoy día, continúo recogiendo informaciones de manera regular para enriquecerlas.
Hace unos veinticinco años esta investigación llevó a un libro de iniciación “Vestidos de Luz”, que muchos conocen. Unos años más tarde también apareció “Así curaban Ellos”, y después “Lo que Ellos me han dicho”, que vuelve a situar las informaciones en su contexto.

Es posible que haya algún día “Así curaban ellos Tomo II”, no está descartado… Se trata de que esta tradición terapéutica está muy viva, constituye simplemente una herencia universal.
Pienso que nadie puede apropiársela, incluso si constato con consternación que hay quien piensa hacer con ello marcas registradas…


Evidentemente, ha hecho falta un impulso a esta tradición para reaparecer. Ésta, tengo que decir, simplemente ha pasado a través de mí hace unos decenios. Esta es la verdad al desnudo…
Fuera de este aspecto histórico y más allá del hecho de que se trata de un método con sus técnicas propias, el acercamiento propuesto requiere ante todo una apertura del corazón y de la conciencia.

Podría escribir posiblemente doscientas, trescientas o cuatrocientas páginas sobre el tema de este método de tratamientos energéticos, sin embargo, esto no haría que mis lectores fueran terapeutas. Lo que es importante, a través de este tipo de terapias, es el amor al otro, es la empatía y la compasión. Es el trabajo que se opera en triángulo entre lo Divino, el enfermo y el terapeuta. Hay una circulación de una “Fuerza de Consuelo del alma y del cuerpo” que se pone en movimiento por el famoso triángulo. Volvemos siempre al principio de la Trinidad…

Si no hay esta circulación, esta onda de amor que viaja de forma triangular, bien… todas las técnicas del mundo, por más bellas que estas sean, sean atlantes, egipcias o esenias –poco importa ya que, finalmente, es la misma cosa– no pueden llevar a nada. El impulso del corazón, la expansión del corazón es primordial.

Con el fin de poner énfasis sobre ello acepté, hace dos años, acompañar a mi esposa, Marie-Johanne Croteaum, en la enseñanza de estas terapias que ella lleva en sí igualmente desde siempre. Conjuntamente, emprendimos en Francia, a lo largo de un período de tres años, una formación a cierto número de personas.

No fue algo que se nos pasara repentinamente por la cabeza sino que fue a fuerza de recibir cantidades y cantidades de peticiones. Me pedían sin descanso “Sr. Meurois, cuándo va a emprender una formación, etc, etc…”. Por mi parte, no me sentía presionado a retomar este tipo de trabajo mientras que mi esposa, Marie-Johanne, sí veía la urgencia y la importancia del mismo. Incontestablemente tenía razón y terminamos por considerar la cuestión. Nos dijimos que efectivamente había llegado el momento de retomar la transmisión con la sensibilidad requerida. Fue ella, Marie Johanne, la que finalmente estructuró la manera en la que trabajamos en la actualidad en el ciclo de formación que se puso en marcha en Francia. Ella es, por tanto, la promotora y artífice.


Ni ella ni yo tenemos intención de crear una Escuela propiamente hablando, pero digamos que nos sentimos llevados a transmitir informaciones terapéuticas descubiertas ya que había manifiestamente demasiada información que todavía no había sido difundida. Había conocimientos que se habían ido acumulando en mí desde hacía mucho tiempo, pero también en su propia memoria. Hay que saber que Marie-Johanne está muy conectada, por su vivencia, a su propia memoria esenia y a la memoria fuente de hace dos mil años. No hay ningún azar en el hecho de que nos hayamos reencontrado.

Así, el trabajo continúa, se difunde bajo su impulso… Podemos agradecérselo. Como decía hace unos instantes, la técnica sólo es una pequeña cosa en el conjunto de la terapia.Nuestro trabajo constituye esencialmente una búsqueda de lo que se llama la Onda sagrada de curación. Es el arte de conectarse con el aspecto sagrado del ser humano. Lo más importante es la Esencia de Vida a reencontrar y a ofrecer.No “fabricamos técnicos” que vayan a dominar una multitud de técnicas, por fascinantes que estas sean. Emprendemos un trabajo de despertar, o bien de volver a despertar en la medida que se pueda esperar, evidentemente.

Así que… esto es lo que hoy día puedo decir de las terapias.
Que las llamemos esenias, egipto-esenias o de sensibilidad esenia-egipcia, importa poco. Poco importa la terminología utilizada, ya que son de nuestra herencia común y nadie puede apropiárselas como tales. Hay algo bello y sagrado a comunicar y cuya esencia habla por sí misma. Es lo que Marie-Johanne Croteau y yo intentamos hacer.

“El Esenismo”, entre comillas, de hace dos mil años no buscaba otra cosa.

P.A.: Según tú, ¿es posible hoy día vivir al modo de los esenios? ¿Hay algo que pueda acercarnos especialmente a ellos?

D.M.G.: En teoría, querría decir que sí… pero en la práctica, realmente no lo creo, ya que han pasado dos mil años y nuestro mundo no es en absoluto el mismo. Los esenios vivían bajo cierto clima, en una naturaleza sana y con muy, muy poco parasitismo psíquico. Hoy día estamos contaminados constantemente por una multitud de cosas. En nuestras sociedades occidentales somos agredidos permanentemente –creo que el término no es demasiado fuerte– por multitud de ondas: siempre tenemos el teléfono móvil en la mano, que es nuestra pequeña tele y nuestra radio, ¿no es así?
También es nuestro ordenador portátil, coleccionamos en él videojuegos… así que, en resumen, todo ello se vuelve… tiránico. Sobre todo ¡no tenemos que estar un solo instante con nosotros mismos!

La información fluye por todas partes, disponemos de no sé cuántos canales de televisión. En resumen,estamos sobre-solicitados por lo que constituye una increíble contaminación mental y psíquica que hace que ya no podamos ser como hace varios milenios. El tiempo en el que el ser humano funcionaba de una manera sencilla, intuitiva y espontánea ha pasado.

Además, si consideramos más particularmente a los esenios, hay que darse cuenta del hecho de que comían mucho menos que nosotros hoy día.

Su organismo estaba menos atascado que el nuestro. En la cuenca mediterránea sabemos que hay cierto tipo de clima que es propicio a la frugalidad. Sabemos también que hace miles de años el cuerpo físico era en general mucho menos robusto que hoy, y que reaccionaba mucho más que el nuestro a las emanaciones sutiles de la Naturaleza.

En nuestros días, nuestro cuerpo está, lo queramos o no, embebido de una multitud de productos químicos, de substancias que absorbemos por los pulmones o por la alimentación, aunque procuremos comer de la forma más natural posible. No hay que hacerse ilusiones al respecto… tenemos productos que no son tan sanos como en otro tiempo. Es inútil insistir sobre ello, es evidente.

Aunque la medicina moderna ha salvado muchas vidas y ha aliviado muchos sufrimientos, también ha debilitado considerablemente nuestras defensas inmunitarias… lo que hace que en la actualidad haya que poner en movimiento un arsenal infinitamente más importante de terapias energéticas para llegar a lo que se conseguía hace dos mil años o más. El cuerpo humano se ha blindado en cierto modo contra todo, para su propio detrimento. Nuestra sociedad inevitablemente ha cambiado y el objetivo no es ciertamente el de hacer un retorno hacia atrás: “Yo vivo como los esenios… sin tele, sin coches, sin teléfono…”. Es un discurso aceptablemente ilusorio. Siempre podemos decirnos que vamos a crear una comunidad, vivir cómodamente entre nosotros y declararnos entonces esenios. Está bien,esto no hace mal a nadie, salvo que se arriesga a recrear una forma de elitismo disgregador. En la medida en que se “esoterice” – perdóname la expresión– no se alcanzará la conciencia del mayor número de personas posible.

Creo que hay que reconectarse al gran Principio de amor de la Vida basándose en un compartir abierto, en una comunión con la Naturaleza que no busca hacer de chispa, en un diálogo con el Todo que no reivindique necesariamente el contacto con no sé cuál arcángel.

La base del esenismo no hacía ruido. ¿Por qué decirse “Vamos a ser esenios hoy”?Hay que construir otra cosa… El pasado es el pasado aunque, en el absoluto, el Tiempo es una ilusión.

Hoy día estamos en otra época y lo que nos corresponde hacer sin duda es adaptar lo mejor del pensamiento esenio, actualizarlo siendo conscientes de que los esenios de hace dos mil años no vivían como los egipcios de la época de Akhenatón, así como ellos tampoco vivían como en la época atlante o lemuriana, etc… etc… Cada período tiene sus características y no hay que alimentarse de nostalgia.

Tomemos aquello que el pasado tiene de bueno, lo que en él hay de constructivo, inspirémonos en él, pero ¿por qué querer recrear e idealizar lo que sólo es una etapa?
No me parece que sea justo ni que responda ni a mi sensibilidad ni a mi comprensión del pensamiento del Cristo. Evidentemente, cada uno hace lo que quiere. Sin embargo, hay mucha, mucha belleza a crear hoy día sin querer siempre ir hacia el pasado.

Me dirás “Sin embargo, tú siempre miras hacia el pasado con los Anales Akáshicos”. Es cierto… no obstante, no es por el pasado en sí mismo. Es para intentar obtener, a través de las raíces que pongo al día, los elementos que pueden hacernos progresar. La nostalgia no forma parte de mis herramientas. Puedo comprenderla, pero expresa una huida. Hoy día hay abominaciones, y las había también en otros tiempos, no idealicemos el pasado.
Autor:Pierre Abraham

¿QUIÉNES ERAN LOS ESENIOS? 1ª parte



...la mayor parte de los esenios eran simplemente personas que intentaban poner en práctica una ética de vida donde la pureza de conciencia y de moral se situaban antes que cualquier otra cosa; donde se aprendía a compartir, a dar.


Daniel Meurois-Givaudanes el autor de más de veinte libros, los que - desde 1980 - son leídos exitosamente en el mundo entero. Hasta 1995 en colaboración con Anne Givaudan, ahora solo. Daniel Meurois redacta obras que son verdaderos testimonios sobre, entre otros temas, la aventura de la conciencia humana, la probable pluralidad de los mundos y la concepción holográfica del universo.

ENTREVISTA: ¿QUIÉNES ERAN LOS ESENIOS? 1ª parte

Pierre Abraham: escuchamos hablar del pueblo esenio desde el descubrimiento de los primeros Manuscritos del Mar Muerto… pero ¿quiénes eran exactamente los esenios?

Daniel Meurois-Givaudan: En primer lugar hay que saber de qué punto de vista partimos, ya que hay dos puntos de vista para responder a esa pregunta. En efecto, está el que podemos definir como oficial, el de los historiadores, el de los arqueólogos, el de los teólogos. Además está el segundo punto de vista, el del místico. Este, sin duda, es más el mío. Repasemos rápidamente el primero…

El descubrimiento en 1947 de los Manuscritos del Mar Muerto, en las inmediaciones del monasterio del Qumran, en Israel, se extendió durante un período de cinco o seis años, es decir hasta 1956.
Se descubrieron cerca de 900 manuscritos. Estos textos manuscritos dan testimonio de la existencia hace 2.000 años, incluso más, de una comunidad monástica muy estricta que hoy se considera que formaba una secta del Judaísmo. Se trataba de una agrupación de ascetas, de monjes, de anacoretas, viviendo retirados del mundo en el desierto de Judea a orillas del Mar Muerto. El punto de vista oficial parte de esto, así como de lo que se ha dicho en los escasos escritos del historiador Flavio Josefo. Él fue el primero, y creo que el único, en mencionar a los esenios en los textos de su tiempo.

El origen de los manuscritos del Mar Muerto se sitúa entre el siglo II y el III antes de Jesucristo y se prolonga aproximadamente hasta mediados del primer siglo de nuestra era.

Pasemos al otro punto de vista, el mío, el del místico. Me defino, en efecto, como místico en el sentido en que, desde hace ahora una treintena de años, he experimentado interiormente una percepción particular de los esenios. Esta experimentación se realiza a partir de lo que se llama la lectura de los Anales Akáshicos. Estos Anales constituyen la Memoria del Tiempo. Creo que aquellos que han leído alguno de mis libros saben de qué se trata, así que no abordaremos esta noción hoy. Añadiría sólo que constituye mi herramienta de trabajo, una herramienta que me permite, desde hace tres decenios, leer en el pasado bajo forma de visiones extremadamente precisas y repetidas, ciertos acontecimientos de la Historia y, más especialmente, la realidad de las comunidades esenias de hace dos milenios.

Cuando tenemos la capacidad de ir a buscar en el Tiempo información, nos damos cuenta que existían dos formas de pertenecer a la comunidad esenia. Por un lado estaban los esenios de los monasterios, como el del Qumran, pero la parte esencial del pueblo esenio vivía en pequeños pueblos situados en su mayoría en Galilea. Eran pueblos basados en la ayuda mutua que constituían una verdadera fraternidad imbuida de discreción. El conjunto de esta comunidad observaba un código de vida basado en reglas de pureza física, mental y moral extremadamente importantes. Por otro lado, la noción de propiedad era ajena a los esenios. En sus pueblos, ponían todo en común. También es destacable que los esenios eran muy próximos a la naturaleza y a las fuerzas de la misma. Cada uno tenía su familia, su trabajo, y trabajaba con ardor en el respeto de lo Sagrado de la vida, sometiéndose a las tradiciones generales del Judaísmo del que se consideraban ser miembros “aparte”.

El modo de vida de los esenios de los pueblos era, recuerdo, muy diferente del de los monjes del Qumran, los cuales se caracterizaban por su gran rigidez. Estos eran los ascetas, extremadamente intransigentes, que se ajustaban mucho al código de vida del Levítico, distinguido por sus cientos de prohibiciones y obligaciones. Estos monjes eran personas bastante –hay que decirlo– intolerantes. No es en ellos en los que me he interesado más, sino en aquellos de las comunidades de pueblos.

No obstante, debo añadir que el ideal de estas comunidades que vivían por familias estaba también presente en el monasterio del Krmel, un enorme edificio situado en la cima de la actual ciudad de Haïfa. Desgraciadamente, ya no existen vestigios del mismo. Sobre su antiguo emplazamiento se encuentra en la actualidad un importante templo de la fe Bahaí. Era entre sus muros donde eran instruidos los niños considerados como los más dotados psíquicamente del conjunto de la fraternidad esenia. Este templo era una reputada Escuela cuyo origen se remontaba a la Tradición egipcia de Amenofis III, el padre de Akhenatón. En efecto, los Anales Akáshicos revelan que existía una filiación directa entre los místicos del antiguo Egipto de Akhenatón y los místicos esenios. Es esta filiación la que es fascinante. Se trata de una Tradición cuya fuente primera se pierde en la noche de los tiempos, una Tradición que los iniciados se comunicaban oralmente. Es ella la que esencialmente he evocado a través de mis obras. ¿Por qué? Porque creo que sus herederos esenios son, por su sensibilidad y su percepción de lo Sagrado, los que pueden coincidir más con nosotros hoy día.

P.A.: En efecto, eres conocido por haber escrito varias obras sobre los esenios y sobre el papel de su fraternidad. Pero… ¿cómo te ha llegado a interesar este tema? 

D.M.G.: Bien, es lo que he evocado hace unos instantes al repasar rápidamente mi método de trabajo: la lectura de los Anales Akáshicos. He aquí sucintamente cómo ocurre, para aquellos que ignoren todavía de qué se trata…

Hace una treintena de años, descubrí el fenómeno de la salida de la conciencia fuera del cuerpo físico y, en consecuencia, la capacidad que tiene el ser humano de viajar fuera de su cuerpo. No voy a hablar en detalle aquí sobre este tipo de viaje que llamamos globalmente “astral”, sería demasiado largo… podría ser objeto de otro encuentro. Lo menciono en cualquier caso porque es en ese estado de exteriorización de mi alma fuera de mi cuerpo físico en el que me conecto a lo que llamamos la Memoria del Tiempo. Esta Memoria es accesible en un tipo de longitud de onda o de frecuencia vibratoria. Todo lo que es, todo lo que una conciencia vive y experimenta, cualquiera que ésta sea, se graba ahí de manera sistemática. Podríamos decir que la «Memoria del Tiempo» es análoga a un increíble y colosal «disco duro» informático natural en el que se graba hasta el más mínimo acontecimiento de una vida.

Cuando un alma –o si se prefiere, una conciencia– descubre, a través de un cierto trabajo sobre sí misma, la capacidad de conectarse a esa longitud de onda, consigue entrar en la «película» del pasado que constituyen los Anales Akáshicos. Personalmente, es de una forma totalmente involuntaria por la que hace treinta años descubrí este método de trabajo.

Una de las consecuencias de esta experiencia fundamental fue para mí la de la realidad de la reencarnación. Comprendí entonces claramente que había vivido en el seno de una comunidad esenia, exactamente en la época del Cristo. De esta forma fui llevado a investigar en numerosas ocasiones ese pasado y conseguí restablecer conocimientos extremadamente precisos.

De este modo, puedo afirmar hoy que crecí en la comunidad esenia de hace dos mil años y que los recuerdos continuos a los cuales tengo acceso me dan regularmente informaciones sobre la misma. Así, es mi propia vivencia la que me empuja a escribir y a dar testimonio y que hace que, sobre cierto número de puntos, no puedo estar de acuerdo con lo que la Iglesia cristiana nos transmite en relación con la persona de Jesús y su tiempo. En efecto, me parece indiscutible que Jesús era de ascendencia esenia y heredero de una extensa Tradición.

Partiendo de ahí, cada día me doy cuenta algo más de que hay una distorsión importante entre lo que es transmitido por el dogma, por la inmensa mayoría de teólogos-historiadores, y lo que ha podido ocurrir realmente en el contexto preciso de la Palestina de hace dos milenios.


P.A.: Has escrito hasta hoy día una treintena de libros… ¿La temática de los esenios ha inspirado la mayor parte de ellos o sólo algunos?

D.M.G: Solamente algunos de ellos. .. Es cierto que mi trabajo no se limita a investigar la huella de los esenios y el verdadero rostro de Cristo en el tiempo… Sin embargo, es indudable que la sensibilidad de esa búsqueda ha despertado en mí y ha imbuido el conjunto de mi trabajo.

Es inevitable. No se puede ser insensible a una vivencia de esa intensidad y después simplemente pasar a otro tema de reflexión y de testimonio bajo el pretexto de pensar que ya se ha explorado… No, creo que los Tiempos evangélicos, la persona del Maestro Jesús y la aportación de la Tradición esenia a nuestro mundo todavía no han sido suficientemente exploradas a fondo. Además, ¿alguna vez lo serán bastante? La mirada que intento posar sobre el origen de nuestra era y sobre el Cristianismo solamente intenta responder a las necesidades de esperanza de nuestra época, que está en pérdida total de valores. Un verdadero ideal de vida y de esperanza… eso es lo que falta a la mayor parte de entre nosotros hoy día.


P.A.: ¿Puedes hablarnos del modo de vida de los esenios de los pueblos y decirnos en qué era diferentes esos Esenios unos de otros? 

D.M.G.: Los esenios que vivían en comunidades rurales eran muy diferentes de los del Qumran, aunque ellos llevaran también una vida rigurosa entorno a reglas estrictas. Observaban una disciplina de vida acorde en general con la tradición judía de su época pero, al mismo tiempo, vivían de forma marginal porque lo hacían de forma más abierta y flexible, ya que estaban en conexión constante con las fuerzas de la Naturaleza.

Sabemos que el judaísmo es una religión que se caracteriza por cierto número de principios bastante rígidos, en el seno del cual hay que guardar observancia de determinadas leyes. Esto se seguía en los pueblos esenios, pero sus habitantes se sentían totalmente aparte en la medida en que hablaban mucho más libremente de algunos temas. Había entre ellos infinitamente menos tabúes que en el conjunto del pueblo, ya que este se ajustaba a la observancia de la ley, al pie de la letra.

Sin embargo, todo ello y el hecho de que el Maestro Jesús formara parte de su comunidad no significa que los esenios fueran necesariamente iniciados en el sentido en el que se entiende en los medios llamados espiritualistas.
Hoy día se tiene tendencia a idealizar demasiado. En diferentes libros escritos sobre el tema, se les ve a menudo sistemáticamente como una especie de iniciados absolutos.

P.A.: ¿No era así?

D.M.G: Evidentemente, había grandes iniciados entre ellos, verdaderos Maestros de Sabiduría, pero, asumiendo el riesgo de decepcionar a ciertas personas, diría que la mayor parte de los esenios eran simplemente personas que intentaban poner en práctica una ética de vida donde la pureza de conciencia y de moral se situaban antes que cualquier otra cosa; donde se aprendía a compartir, a dar. Algunos se aplicaban en cultivar lo que se llamaba “la voz de leche”, es decir, el arte de la palabra dulce y fluida. Sin embargo, eso no quiere decir que fueran perfectos. Hay que comprender que no bastaba ser esenio para pretender ser un ser de Sabiduría o incluso un iniciado.

La mayor parte de los esenios del campo eran gentes sencillas y analfabetas que, como todo el mundo, expresaban también sus cóleras, sus frustraciones, etc. Constituían una comunidad fascinante porque tenía una apertura de espíritu mucho más allá de la media de la época, pero insisto, no hay que idealizarlos al extremo.

P.A.: ¿Puedes hablarnos de las otras comunidades de aquellos tiempos?


D.M.G.: En primer lugar, hay que saber que el nombre de esenio no era empleado comúnmente en la época. Normalmente, se confundía a los esenios con los nazaritas y con los nazarenos, místicos a los que también se distinguía por llevar vestiduras blancas, los cabellos largos y barba, y por ciertos rituales igualmente.

La mayor parte del tiempo, cuando los esenios aparecían en un lugar se les confundía con los nazarenos o los nazaritas. En realidad, eran extremadamente discretos. Lo que les distinguía mucho de los nazarenos y de los nazaritas era la práctica de cuidados y terapias. Verdaderamente se interesaban mucho por las plantas y por los ungüentos y por todo lo que hoy día llamamos “terapias energéticas”. Volveremos sobre ello más tarde.

Su fraternidad en cuanto tal era relativamente poco conocida, pero se sabía que formaba terapeutas. Paralelamente a esto, los esenios eran más bien temidos por el conjunto de sus contemporáneos porque se tenía la impresión de que manipulaban eso que llamamos magia, es decir, el manejo de las leyes energéticas… con prácticas no siempre muy “claras”. No era ni mucho menos así, pero digamos que ello contribuía a que se mantuvieran aparte, a veces excesivamente. Eso se traducía entre muchos de ellos en un innegable sentimiento de elitismo.

Existía, a pesar de todo, una especie de fluidez entre todas las pequeñas comunidades esenias y el conjunto del pueblo. Esto funcionaba y circulaba bien, pero… los esenios no dejaban de ser gente a la que se señalaba con el dedo. Se les apreciaba por sus talentos, pero se les temía un poco.

P.A.: ¿Debido a su etiqueta de “élite”? 

D.M.G.: Muchos de entre ellos se consideraban con toda evidencia como pertenecientes a una élite. No eran percibidos siempre como tales, pero su marginalidad intrigaba, inquietaba y les convertía en seres al margen con todo lo que ello conlleva.

P.A.: ¿Podemos decir, a pesar de todo, que eran iniciados para su tiempo en su contexto? 

D.M.G.: Primero haría falta saber qué es un iniciado…

P.A.: Era la siguiente pregunta que iba a hacerte.

D.M.G.: Se puede decir que un iniciado es un ser que está en movimiento, que está en búsqueda consciente y voluntaria de la Sabiduría. Esta Sabiduría supone un conjunto de conocimientos profundos de leyes energéticas de nuestro universo, las que permiten al alma y al corazón abrirse. Esta Sabiduría supone también cierta familiaridad con la anatomía sutil del cuerpo humano y autoriza el contacto con formas de vida diferentes de la terrestre.

Había un número relativamente importante de seres de esta envergadura en la comunidad esenia pero, insisto, sobre todo no hay que generalizar. Seguían siendo una minoría en el seno de su minoría.

A menudo, los más dotados y los más místicos de los esenios pasaban por la Escuela del monasterio del monte Krmel, donde eran sometidos a una disciplina de vida extremadamente exigente, de forma que pudieran desarrollar capacidades psíquicas y, con las mismas, convertirse en seres de servicio.

Lo que se buscaba era la apertura de conciencia. Se decía entonces que aquellos que la manifestaban eran portadores y transmisores del Conocimiento. A ese nivel, está claro que, a pesar de sus especificidades, todos los esenios no debían considerarse, repito, iniciados, ni mucho menos. Como ya he dicho, se hablaba esencialmente de ellos como de los Hermanos de blanco o los Hermanos de la voz de leche.

P.A.: Se dice que Jesús era uno de ellos. Tú mismo lo has afirmado… ¿pero los apóstoles eran esenios? ¿Qué opinas?

D.M.G.: En realidad mi opinión… ¡no es una opinión! Es una vivencia. Por lo que a mí respecta, no puedo decir “Creo que…” o “Pienso que…”, porque la creencia, a mi juicio, no tiene gran valor cuando no está apoyada sobre una vivencia. Aunque pueda parecer algo perentorio, según mi propia vivencia, sí, efectivamente, afirmo que Jesús nació en el seno de una familia esenia. Pasó allí su infancia y después fue instruido en el monasterio del Krmel, del que he hablado. Allí recibió toda la formación básica que recibían aquellos a los que se presentía iban a ser iniciados esenios. Evidentemente, la formación que recibió fue muy particular, adaptada al ser excepcional que era. Podemos decir que fue entre los muros del Krmel cuando Jesús comenzó a construir en sí el Maestro que iba a ser antes de ser habitado plenamente por la Presencia del Cristo.

En ese sentido, fue el resultado de la expresión total del ideal esenio… ¿Hay que decir que la apertura de corazón y de conciencia que manifestó fueron incluso mucho más allá?

Personalmente, mis propios recuerdos a través de los Anales Akáshicos hacen que no pueda hablar de Jesús diciendo simplemente que ha sido el más grande de los Maestros esenios. Quedarme ahí sería demasiado reductivo.

Es fácil concebir que, cuando fue investido por el Espíritu del Cristo, adquirió otra dimensión. Los principios básicos del esenismo como tal, si puedo emplear ese término, explotaron completamente. Fueron pulverizados ya que eran demasiado limitadores. Creo que es sencillo de comprender…

El Cristo no era esenio, invistió un cuerpo esenio, el del Maestro Jesús; es muy diferente.

Como decía antes, los esenios tenían sus limitaciones. Eran seres abiertos, pero había aspectos culturales que no podían dejar atrás.

Su misión principal fue la de preparar a Jesús para ser investido por la conciencia del Cristo. Eran los más aptos para realizar este trabajo sobre un organismo físico y sobre un alma.
Sin embargo, cuando el Maestro Jesús fue investido por la Fuerza del Cristo, no podemos decir que fuera especialmente bien recibido por el conjunto de la comunidad esenia. Más allá de algunos de sus altos responsables, se le percibió en el seno de la misma como un rabino que se tomaba por infinitamente más de lo que era. ¿Por qué? Porque en el contexto mesiánico de la época, Jesús, habitado por el Cristo, proponía con su palabra y su forma de ser una verdadera revolución, no solamente del Judaísmo sino también de las comunidades esenias y de la humanidad.

No era más admisible a sus ojos de lo que lo era para el conjunto del pueblo y sobre todo para los responsables religiosos. ¡Lo perturbaba todo! Cuando se nos dice –creo que está en el Evangelio de Mateo– que el Cristo se hizo expulsar a pedradas y que intentaron precipitarle por un barranco, hay que ser conscientes de que se trata del contexto de un pueblo esenio… Así, eso significa que entre los “dulces esenios” se hizo rechazar “manu militari”. Ahí vemos bien hasta qué punto había empujado las fronteras de lo que podemos llamar esenismo. Su apertura de corazón y su dimensión inconmensurable no podían satisfacerse con la simple aplicación de principios esenios, por muy bellos que estos fueran.

Jesús, como Maestro, era tan esenio como el Cristo era el Cristo, o dicho de otra forma, era universal. Del mismo modo, está claro que el Buda no era budista, era el Buda, eso es todo.


P.A.: ¿Qué hay de los Apóstoles?

D.M.G.: Muchos lectores me escriben frecuentemente teniendo la impresión de que el Cristo necesariamente había… recolectado, elegido a los apóstoles –más bien a sus discípulos– en la comunidad esenia. Y ¡no es así en absoluto! Había, desde luego, algunos esenios entorno a él, entre los que estaba la persona que fui hace dos mil años, el Simón cuya vida relato en “Memoria de Esenio”, sin embargo, no eran la mayoría.

Juan, el Bautista, como primo de Jesús, provenía de la misma comunidad esenia que él, pero no podemos hablar de él como de un discípulo. La mayor parte de los apóstoles oficiales y no oficiales no eran en absoluto esenios. Eran gente del pueblo. Podemos comprender por qué… Sencillamente porque los esenios estaban demasiado al margen del pueblo para ser próximos a él y, por tanto, para ser creíbles. A partir del momento en el que el Maestro Jesús, habitado por el Cristo, quiso dirigirse a todos, es evidente que no debía elegir por discípulos a seres que ya eran marginados.

Cuando leemos los Evangelios o cuando escuchamos a los sacerdotes por ejemplo, podemos tener la impresión de que Jesús eligió entre la multitud a una u otra persona, diciéndole algo así como “Ven a mí, tú serás mi discípulo…” Esquematizo un poco pero, en cierto modo, tenemos tendencia a creer que fue así como ocurrió. Sí, puede haber algunas personas a las que claramente fue a buscar, pero sobre todo fueron numerosos hombres y mujeres los que acudieron a él espontáneamente, que se agruparon simplemente porque el discurso y el resplandor del Maestro les hablaba… ¡pero no por ello eran esenios! Igualmente, hay que tomar conciencia de que el número de discípulos cambiaba constantemente.

La historia oficial del Cristianismo fijó su número en doce, pero esa cifra es puramente simbólica. En la época, los discípulos nunca tuvieron conciencia del hecho de que se les iba a reducir a “doce apóstoles”. Había varios círculos de discípulos y entre cada uno de ellos hubo quien renunció a seguir su búsqueda. Algunos reaparecían de repente, algo parecido a como podemos imaginar hoy día entorno a una persona que irradie de forma particular. Los amigos van y vienen, los discípulos iban y venían.

Todo ello fue muy fluctuante y extremadamente vivo pero, por volver a la pregunta, no podemos decir que los esenios fueran el núcleo del grupo entorno al Cristo, ¡verdaderamente no!

Continuará...