domingo, 11 de junio de 2017

LOS EXTRAÑOS NIÑOS ÍNDIGO


"Una de las más altas manifestaciones de la nueva realidad es el fenómeno de los 'niños  Índigo', el cual ha sido descrito en detalle en un libro con el mismo nombre, por Lee  Carrol y Jan Tober. Esta terminología fue introducida por la clarividente Nancy Ann  Tappe. Ella dirigió una investigación sobre la relación entre los rasgos de personalidad y el color del aura. Al principio de los 70, Nancy Ann Tappe encontró un fenómeno inusual: un nuevo tipo de niños estaba naciendo, con un color del aura nunca visto –índigo (entre azul y  violeta). La personalidad de los niños Índigo también difería de la de otra gente. Su principal característica era la hiperactividad y el déficit de atención. 

Ellos no pueden sentarse quietos, si lo que están haciendo no es de interés personal para ellos. Sin embargo, no todos los niños con esos rasgos son necesariamente niños Índigo, y viceversa. Son todos diferentes. Lo que les une es un sentido inherente de auto­dignidad y una tendencia a la independencia. 

Los Índigo conocen su valor y parecen estar confiados en que ellos merecen estar aquí, en esta vida. ¡Así es como son! Estos niños sorprenden a los adultos con su razonabilidad. Tienen una muy bien desarrollada conciencia y una sobria visión de las cosas para su edad. No están   dispuestos a inclinarse ante las autoridades universalmente reconocidas.  

Los Índigo no aceptan el conservadurismo. Ellos piensan que es obvio que algunas cosas  deben hacerse de una manera completamente diferente, mientras otra gente habitualmente sigue las normas y reglas generalmente aceptadas. Uno nunca podría llamarlos niños amables. Desde el punto de vista de la educación infantil, podrías decir que son niños incontrolables. Ellos tienen lo suyo que funciona para ellos. Hasta cierto punto eso es verdad para cada nueva generación. Sin embargo, la generación índigo está marcada por una novedad particular. Durante miles de años, la alternancia de generaciones ocurrió con uniforme y constante regularidad. Pero últimamente ha habido una aceleración en la renovación de las generaciones –cada una nueva se diferencia cada vez más dramáticamente de la anterior. 

Los niños índigo han tenido ya sus propios hijos, que han superado a sus  propios padres en el despliegue de típicos rasgos índigo. ¿Entonces qué está pasando? 

El proceso de renovación revolucionaria de la mente humana no puede tener lugar por si mismo, sin razones especiales. Como es bien  sabido, todo en la naturaleza y en la sociedad tiende hacia el equilibrio. Por tanto, la  renovación de la mente humana es un contrapeso a un proceso diferente

Durante el último par de décadas, simultáneamente con el desarrollo de los sistemas de información y telecomunicaciones, una poderosa red de péndulos se ha formado, que ha enlazado  firmemente la Tierra entera. [Ver La Influencia de los 'Péndulos' aquí]

Cuanto más grande el grupo de adherentes pensando en una dirección, más  fuerte el péndulo, y por lo tanto, más fuerte su poder sobre la gente. 

Para tener control sobre la conciencia de una gran cantidad de gente, realmente no tienes que ponerlos en ampollas con cápsulas de succión, como las de la famosa  película Matrix. Es suficiente con crear una red envolvente, y luego la gente automáticamente tomará su lugar en sus células. ¿Pero qué es un ser humano en una célula de información?  Es un llamado elemento social, cuya conciencia está limitada por su lugar en la estructura, que realmente parece una matriz. 

La estructura imperceptible, pero tenazmente, envuelve a cada miembro en un conjunto específico de estereotipos comportamentales y mentales. 

Una persona piensa que está actuando libremente, por su libre voluntad. Pero en verdad, él no tiene ninguna idea sobre la libertad, porque la 'configuración' de su libertad es formada por la estructura.  

La persona está jugando un juego impuesto por la voluntad que le ha sido designada. Aparentemente, cada uno es libre de hacer lo que quiera. Tal es la naturaleza de la  declarada libertad. Sólo que cada uno sólo puede querer las cosas que cumplen con los intereses de la estructura

La estructura te enseña a querer lo que la estructura necesita. 

Y este proceso de esclavitud de la voluntad (esclavitud de la intención) es sobre lo que  vamos a hablar a continuación. Este proceso es sinérgico por su naturaleza, es decir, es auto­organizado, porque los péndulos como tales no tienen una intención consciente.  Todo sucede por si mismo, como cuando se forman los cristales de hielo durante el  proceso de congelación. 

La red de los péndulos, como una colonia de plantas parásitas, cubre la biosfera entera de la Tierra. Cada uno es libre de relegar alegremente todos estos argumentos al campo de la ciencia  ficción. Y sin embargo, cuando la realidad cotidiana aparece de una forma  desacostumbrada, su duro realismo sobrepasa incluso las más atrevidas de las fantasías. Pero volvamos a nuestros chicos. 

La tendencia a la esclavitud de la voluntad da nacimiento a un mecanismo de retroalimentación – la aparición de niños con una  tendencia innata a la independencia. Esto es un proceso natural. 

Así es como la  actividad de las fuerzas equilibrantes se manifiesta en respuesta al crecimiento exponencial de la red de péndulos. 

Por un lado, los péndulos tratan de organizar el mundo en un orden, llevando a la  gente a una estructura parecida a una matriz. Por el otro lado, la gente índigo  equilibra la dominación de los péndulos, como si de ese modo completaran su  predestinada misión. 

El comportamiento de los niños índigo está dirigido a destruir  cualquier tipo de orden. Oprimidos dentro de los límites de los estereotipos y la condicionalidad, ellos luchan por liberarse. Todos los niños, pero los niños índigo en particular, son muy sensibles a los potenciales excesivos. Por ejemplo, cualquier falsedad es inmediatamente descubierta. Cuando la  gente trata de congraciarse con ellos, empiezan a ser frescos. Tú los alabas, ellos  empiezan a dar guerra. Cualquier orden da lugar a una polarización, que los niños inmediatamente quieren  destruir. '¡No me voy a dormir! ¡No quiero puré! ¡Lo haré yo solo!'. 

La tendencia a la desobediencia y el mal comportamiento no es resultado de la malicia, sino más bien consecuencia de un deseo natural de deshacerse del control externo. A veces puede parecer que los niños están haciendo ciertas cosas por despecho. Pero en tales casos ellos están actuando inconscientemente, inintencionadamente. Ellos no  planean o traman su provocativo comportamiento. Sucede naturalmente, por si mismo.  Esto es, la actividad de las fuerzas equilibrantes es manifestada en respuesta a los  adultos que tratan de meter a sus niños en la formación. 

La tendencia de los Índigos a la independencia también tiene un efecto sobre su actitud  hacia la religión. 'Los nuevos niños encuentran difícil aceptar la iglesia moderna',  escriben Carroll y Tober en su libro. 'Los Índigos vienen a este mundo con un elevado  sentido del autorrespeto y una inamovible certeza de que ellos son los niños de Dios.'  En ese caso, ¿necesitan ellos alguna mediación para hablar con Dios? Difícilmente. 

Los niños índigos son principalmente guiados por la voz de su corazón, más que de su  mente. Los adultos piensan que están haciendo una buena cosa cuando actúan  apropiadamente. Los niños son de la opinión que lo importante es hacer todo desde el corazón, con amor, y al contrario de lo que se considera lo correcto a hacer. 

¿Y si, hace un largo tiempo, en tus vidas anteriores, tus hijos fueron tus padres? ¡Y  ahora habéis intercambiando los lugares! Estas almas antiguas están una vez más tratando de educarte, enseñándote muchas sabias lecciones. La sensibilidad de los niños Índigo es resultado de su acrecentada conciencia. Ellos son  conscientes de lo que está pasando, y saben quién es quien. 

La conciencia se agudiza  cuando el foco de atención es dirigido a ti mismo, y no al mundo que te rodea.  Después de todo, si alguien está completamente absorto por problemas que le son  impuestos desde fuera, él se sumerge en el juego inconsciente. La conciencia de los Índigos está contrapesando la tendencia de la 'mente sedada' de la gente atrapada en  las redes del péndulo. 

Todos los niños desde su nacimiento son notables por su impresionante individualidad.  En la primera infancia son muy bellos y encantadores. El secreto detrás del atractivo de  los niños está contenido en la armoniosa unidad del alma y la mente. Ellos se aceptan como son, y de ahí que la original belleza de su alma no es distorsionada por la falsa  máscara de la mente. ¿Entonces por qué, cuando esas maravillosas criaturas se hacen mayores, desarrollan  ciertos rasgos y debilidades desagradables? 

Ellos son, después de todo, los niños de Dios, y por tanto bellos y poderosos como Dios mismo, a pesar del desamparo de su poca edad. Inicialmente mantienen el poder del Creador, que les capacita para formar una nueva realidad. Pero los talentos de los niños de Dios no logran revelarse y manifestarse porque los péndulos los despojan de su poder divino –la unidad del alma  y la mente. 

Los niños vienen a este mundo y lo observan ingenuamente con sus ojos como perlas  abiertos de par en par. Miran la vida como prometedora y llena de esperanza. Pero los  péndulos son los que gobiernan el mundo, los péndulos que actúan por el principio:  'Divide y vencerás'. 

Los péndulos unen las intenciones y ambiciones de la gente, destruyendo así la singularidad e integridad personal. La separación y alienación de la mente del alma lleva  a la pérdida de la belleza y el poder divinos. Con el tiempo, las pequeñas y grandes esperanzas son destrozadas. 

Algunos individuos  atraviesan este proceso de un modo lento e indoloro, mientras para otros, que no tienen  tanta suerte, este proceso es arduo y sucede rápidamente. Si miraras a los ojos de los niños de un hogar de niños, quizás notarías dos cosas aparentemente incompatibles –esperanza y desesperanza. Como si hubiera sólo una pregunta en aquellos ojos: '¿Es así  realmente como se supone que tiene que ser?' 

El mundo del péndulo constantemente indica a los niños su vulnerabilidad e  inferioridad. Primero, la desconfianza surge en su mente, y luego viene el miedo, que entra bajo su piel y les hace acostumbrarse a él. Pero no puedes simplemente asustarte  y correr –tienes de algún modo que sobrevivir en este agresivo entorno. Encontrándose  bajo la poderosa influencia de la estructura, los niños de Dios son obligados a convertirse elementos suyos. 

Cuando se hacen mayores, los niños empiezan a preocuparse de que ellos no son 'como todo el mundo', porque aquellos que son 'como todo el mundo' pueden fastidiarlos, que es lo que a menudo ocurre. Es más seguro en una aglomeración. Y si estás fuera de la  aglomeración puedes convertirte en un marginado. Así es como los niños gradualmente  pierden los dones que les son dados desde el nacimiento –independencia, consciencia, intuición, individualidad.  

Todas esas cualidades son principalmente inherentes a los niños Índigo. Pero para la  estructura, esto equivaldría a la muerte; por tanto el proceso de esclavitud de la voluntad sigue expandiéndose. ¿Quién ganará esta batalla? Nadie sabe. Hay una sola cosa que nos importa: en tanto la estructura no haya conseguido la victoria final, tenemos que devolver –ahora, en esta vida– al menos una fracción del  poder que nos ha sido dado por Dios. 

¿Y tú, querido lector, quizás eres un Índigo? Realmente eso no importa. Todos nosotros  somos básicamente lo mismo –niños adultos o adultos­niños."